sábado, marzo 27, 2010

Comunicación

Había una vez dos hermanos que se apellidaban Jones.  John Jones estaba casado y Jim era propietario de una barca de remos vieja y desvencijada.  Dio la casualidad que la mujer de John se murió el mismo día en que la barca de Jim hizo agua y se hundió. Unos días más tarde una amable viejecita se cruzó con Jim por la calle, y confundiéndole con John, le dijo:
  • Vaya señor Jones, me he enterado de su terrible desgracia. Debe de estar destrozado.
Jim replicó:
    • ¡Qué va! No me apena en absoluto.  Desde el principio fue un trasto viejo y desvencijado.  Tenía el culo completamente carcomido y olía a pescado podrido.  Tenía una maldita grieta destrás y un buen boquete delante, y cada vez que la usaba, empezaba a hacer aguas por todas partes. Bueno, yo era capaz de manejarla bien,  pero cuando la usaba alguien más quedaba hecha pedazasos.  Y así fue como acabó.  Cuatro muchachos que estaban de paso en la ciudad y querían pasar un buen rato me pidieron que se la alquilase.  Les advertí que no era muy bravía, pero me dijeron que de todos modos querían probarlo.  Pues bien, los condenados muchachos trataron de montar los cuatro a la vez y se partió por la mitad.
La vieja se desmayó antes de que hubiese termiando.
Así son las cosas: una es lo que se dice y otra muy distintat lo que se entiende.  La comunicación es muy, muy difícil.