sábado, enero 12, 2008

La Epopeya de Gilgamesh

Todo tiene un principio, un momento singular que define un hito, una marca entre lo que desde ahora será y antes no era.

¿Cuál es el primer libro escrito sobre la faz de la Tierra? Difícil respuesta, pero afortunadamente tenemos algunas alternativas.

En mi primer viaje a Barcelona, conocí la librería Almirral 1733, cuyo dependiente llamado José, me propuso el siguiente libro: La Epopeya de Gilgamesh. En realidad no fue él quien me sugirió el libro, sino que fui yo, siguiendo las mancias enseñadas por mi maestro el Dr. Ocultum Est (nombre ficticio off course).

Ya había comparado algunos libros de mi interés, cuando decidí buscar un libro que jamás encontraría, un libro por el cual ni si quiera preguntaría. Qué hacer, pues seguir los consejos de mi maestro, mirar donde nunca miraría, caminar hacia lo desconocido y dejar que el libro encontrara a mi mano. Y así sucedió, de pronto recogí la Epopeya de Gilgamesh de Agustí Bartra de Plaza & Janes S.A.

Cuando le pregunté a mi amigo José, por este libro, me dijo que tenía en mis manos el libro más antiguo de la Tierra, en realidad lo miré con un poco de escepticismo, pero yo sabía dos cosas, la primera, que al menos la historia de Gilgamesh tenía cierta importancia, años atrás había leído una novela de ciencia ficción al respecto, y lo segundo y más importante, que precisamente la forma de medir los años en términos de la masonería de York, era a partir del legado de los antiguos sumerios (4.000 A.C.) y por eso se databan las fechas como cuatro mil años más que la era cristiana, indicándola como A. L. (año de la Luz).

Como ya se lo imaginarán compré el libro, y hoy veremos qué descubrí.

Hacia el tercer milenio antes de Cristo, un pueblo de origen semita, los akkadianos se asentaron en Mesopotamia (entre el Tigris y el Eufrates, ¿no les recuerda la ubicación del Edén?) y habiendo conquistado a sus habitantes los sumerios, ellos mismos fueron conquistados por su mayor cultura, arte, ciencia, culto, escritura cuneiforme, etc., preservando eso sí su lengua akkadiana que era más perfecta.

De los textos que los que estos primigenios semitas conocieron, hoy sobreviven cerca de 3.000 tablillas de arcilla que contienen poemas épicos, mitos, oraciones y asuntos de carácter económico. Siendo los más destacados: La Epopeya de Gilgamesh, el poema de la Creación, los mitos de Enki y de Ninhursag, etc. Cuando la civilización “moderna” encontró las primeras tablillas las destruyó, pues bien parecían pisadas de pájaros (alguna vez hubo 25.000 tablillas).

Volviendo a Gilgamesh, el mito indica que reinó Uruk por 120 años, otras de sus relaciones genealógicas son tanto o más longevas (¿no les recuerdan los largos años que vivieron los descendientes de Adán?). Nuestro personaje tiene las características de un semidiós, concebido por la unión de un demonio y una diosa. Sin embargo llegó a reinar por el mérito de sus hazañas (¿no les recuerda un poco a Hércules?).

Otro personaje importante de esta epopeya es Enkidu, quien también es hijo de una diosa, pero como Adán, es creado con arcilla. Siendo un personaje tan fuerte como Gilgamesh, era de carácter animal (¿recuerdan a los Golems?), por lo que gracias a la ayuda de una hieródula o prostituta sagrada del templo (en Babilonia, la prostitución ocasional era obligatoria en las mujeres, al menos una vez en la vida, para honrar a la diosa de la fecundidad), adquirió la condición humana.

Cuando Enkidu muere, Gilgamesh reconoce el miedo a la muerte y decide combatirla. Para ello parte en busca de Umnapishti su ancestro, el único hombre que había conquistado la inmortalidad. Cuando por fin logra cruzar las aguas de la muerte (¿no les recuerda esto a los egipcios?), se encuentra con Ut-Napishtim quien le dice que la inmortalidad no es patrimonio de los humanos, pero curiosamente él fue el único hombre que escapó al diluvio (para que les voy a preguntar nada) y logró la inmortalidad. Viéndose Gilgamesh derrotado por los hechos de su condición humana, recibe la piedad de la esposa de Ut-Napishtim, quien le confiesa que en el fondo del agua encontrará la planta de la eterna juventud (¿les recuerda a Ponce de León?). Lo que sigue del relato no es muy esperanzador.

Lo cierto es que esta epopeya escrita sobre 12 tablillas, encierra un profundo mensaje simbólico que fue fuente de inspiración para numerosas culturas que le sucedieron la egipcia, semita, griega, etc. Donde el centro del relato es el hombre y sus circunstancias.

El Sibarel


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